martes, 9 de julio de 2019

Critica de Cuore Doscuernos


Por Emilio Calle

Publicado por la editorial Tres Inviernos, «Cuore Doscuernos» supone una verdadera sorpresa, resultado del encuentro provocado por el hecho de que Diego A. Bartolomé, reconocido ilustrador, no sólo haya aportado su caudal imaginativo para acompañar un texto, sino que también es el autor del relato escrito. Dos creadores de disciplinas muy distintas y que ahora son el mismo enfrentados en un «duelo» que va originando una tensión creativa cuyo espléndido resultado final reafirma su singularidad.
Un libro con mucho para disfrutar.
Desde el principio, el relato apresa, no se limita a intrigar. Su protagonista nace en las propias páginas, brota frente a nuestra mirada en un espacio todavía por descubrir, acertadísimo recurso que logra que su camino corra en paralelo al del lector, pues ambos deberán ir desentrañando los engranajes inherentes a este universo vertebrado desde una exquisita y muy respetuosa aproximación al género. Siendo su autor alguien dedicado a la ilustración principalmente, admira su dominio de una prosa muy fluida y generosa en el detalle, desnuda de pretensiones, tan traviesa como divertida, conteniendo la tendencia al efectismo en el que tan sencillo es caer en este rematadamente complicado género, rezumando en algunos pasajes verdadera poesía sin tropezar con lo forzadamente poético. Acompañado de diversos personajes (cabe destacar a Muni, un gamusino con las cualidades de ese «amigo invisible» que todos hemos tenido, o que seguimos teniendo, alocada criatura que incluso cuando ya no está, sigue presente en la imprevisibilidad reinante), acometeremos junto a él esta suerte de viaje iniciativo (¿acaso alguno no lo es?) hasta llegar a lo más hondo y humano de un fábula sobre un mundo herido, un universo con cosmogonía propia donde toda criatura, sin excepciones (dragones, brujas, hadas, unicornios, sirenas, mamuts, triceratops, centauros, grifos…), tiene cabida sin que salten las alarmas de la incredulidad, apoyándose en una férrea coherencia interna para permitirse semejante mezcolanza y desparpajo referencial. Nada o nadie que aparezca adquiere en momento alguno carácter ajeno o acomodaticio. Nada. Luna, Tiempo, Tierra… No son elementos, ni parte del paisaje, ni conceptos. En mayúsculas. Tienen nombre propio, y por ello son también protagonistas activos, con voz y sombra, y reverberan detrás de cada palabra, y pueden incluso arropar a quien lo necesita.
Este logro se ve redoblado porque viene mejor que bien acompañado por las ilustraciones del propio autor. Diego A. Bartolomé podía haberse limitado a reforzar lo narrado, ajustándose a ese único parámetro. Pero no. Su prodigioso dibujo (hay algo muy bello en ese acabado final, tan íntimo, tan personal, tan falto de artificio de ningún tipo, con el trazo aún vivo de lo que se acaba de dibujar) puede transmutarse y ser de pronto como apuntes a pie de página, o narrar incluso de un modo secuencial y repentinamente sin palabra alguna determinados momentos del periplo como si de una novela gráfica se tratase, o mostrarnos lo que no ha sido nombrado, o pasar de la precisión de una miniatura a llenar de alma y vida a gigantescas ilustraciones de apasionante complejidad técnica, incluso para un lego. Palabra y dibujo no establecen dos relatos paralelos, ni se complementan. Desgajar una sola pieza haría que el astuto ensamblaje se desmoronase y se precipitase hacia la moralina o hacia las ramplonerías de lo evidente. El desenlace, ya inmersos en un mundo del que somos parte, nos deja en las inciertas mareas de toda verdadera travesía por la fantasía, o si se prefiere, por la naturaleza de las fantasías, porque recalando en el fondo de cada una de ella podemos saber quiénes somos desde una óptica del todo inesperada. O expresado con el genio de Chesterton: “Los cuentos de hadas superan la realidad no porque nos digan que los dragones existen, sino porque nos dicen pueden ser vencidos”.
“Solo tú pones límites a tus sueños», leemos en un decisivo momento del relato.
Y es una suerte que Diego A. Bartolomé no haya puesto límites a los suyos, y que además se haya decidido a compartirlos con todos nosotros.


Presentación Cuore Dosuernos

Nunca olvidaré ese día.
No fui yo, fuisteis vosotros los que lo hicisteis real.
Gracias a todos. 
A Uncuernos, a la Bruja, a las Hadas, a las raíces del hogar...
Gracias.
Sois lo mejor de mi.






Cuore DosCuernos Portada

Portada y contraportada.
Con mi estilo más fresco.
Aun no creo que existan editoriales que te dejen hacer lo que te de la gana y publiquen. 
Ha sido el sueño que nunca tuve.






Cuore Doscuernos

Primeras imágenes y texto de mi novela "Cuore Doscuernos"










Bóreas Viento de Norte

Cubierta e ilustraciones interiores para la novela:
Bóreas Viento de Norte

Bóreas ha llegado a Editorial Tres Inviernos
París, 1889. Un viaje mágico a través de la Bohemia tras las huellas de un poeta maldito.
¿Qué harías si descubrieras que el personaje de una novela se llama exactamente igual que tú?
¿Y qué harías si la vida de ese personaje empezara a fundirse poco a poco con la tuya?
Me llamo Bóreas Jèrèmie Rousseau, y mis recuerdos a menudo se confunden con los del héroe de la novela más popular de mi época.
No sé si él y yo somos la misma persona, o si somos la misma musa que, en una noche de luna estival, inspiró al mismo poeta maldito.
Lo que sí que sé es que muchas cosas tienen alma: un retrato, una estatua, un acordeón… Dicen que estoy tarado, pero si no les crees, puedo llevarte a mi mundo. Solo tengo que soplar.
Mi aliento es el viento del Norte. Y mi alma gemela, si existe, olerá a lo que huelen los libros antiguos, a suspiro de vainilla. ¿Quieres ayudarme a encontrarla?









El café de Carterville

Nos tomamos el primer café. La primera cubierta que corresponde a la próxima colección de la Editorial Tres Inviernos. Ya falta muy poquito.
Minerva Gallofré a vuelto a sorprenderme. Y no puede faltar la banda sonora por Daniel García Bardo .

Dibujo con Tinta a diferencia de otras veces. Color acuarela.










Los comienzos de Cuore

Un día, en la hora del café Minerva Gallofré me incitó a escribir un libro después de aguantar muchas de mis criticas, siempre fundamentadas, de otros libros.
Yo que siempre le he tenido miedo a las letras no se porqué le hice caso. Sería el café.
Así nació "Cuore, dos cuernos" Narra la vida de un bosque que depende de los sueños de un joven fauno.
Aquí la primera página, Espero que os guste. Si todo va bien lo publicaremos para Noviembre con la Editorial Tres Inviernos